* Creadores de la ruleta electrónica, los empresarios argentinos del juego de azar tienen nuevos motivos para estar felices de su suerte. En octubre dos firmas nacionales harán los primeros envíos de una mercancía nunca antes exportada: máquinas tragamonedas. Irán aItalia. Sin embargo el azar tuvo ayuda: detrás del negocio hay investigación, desarrollo de alta tecnología, mucho trabajo y un sector poco conocido que está conquistando nuevos mercados a fuerza de creatividad.
Son dos empresas jóvenes (no llegan a los diez años) y ambas casi desaparecen en la última crisis económica.
Una es Azartron, que firmó un contrato por 4000 unidades, cuyo primer envío fue el 30 de septiembre. La otra es Sielcon, estará presente en octubre en la Esposizione Nazionale Apparecchi Divertimento Automatici (Enada), una feria internacional que se hará en Roma. Hasta allí, la empresa llevará 200 máquinas, una pequeña avanzada de las 6000 que prevé fabricar anualmente para este mercado.
"Cada unidad vale entre 10.000 y 15.000 dólares, y se habla de una demanda italiana de cientos de miles de unidades", dijo Giorgio Gennari Litta, gerente de la Cámara Argentina de la Industria del Juego de Azar (Caija).
Lo más importante es que el software y el hardware son ciento por ciento argentinos", recalca Daniel Galimberti, uno de los tres dueños de Sielcon y vicepresidente de la Caija.
La gran oportunidad surgió hace pocos meses cuando Italia cambió su legislación en materia de juegos de azar para, entre otras cosas, permitir la instalación de máquinas tragamonedas en bares y otros puntos de entretenimiento. La norma se parece mucho a la que facilitó en España el desarrollo de esta industria.
"Esta normativa prevé tres tipos de máquinas: una para casinos, otra para bares -las que se van a vender- y los videojuegos", detalló Daniel Galimberti, de Sielcon.
"La ley italiana busca prevenir que la gente se enferme jugando. Por ejemplo, hay premios y apuestas máximas para que el jugador disfrute sin perder mucho dinero. Además, la máquina tiene que devolver el 75% de lo que recibe y, si aparece una inspección, hay que poder demostrar que eso es así. Y cada pase no puede durar menos de siete segundos. También nos hicieron poner un programa paralelo de control", explicó Sergio Bernz, uno de los dueños de Azartron y presidente de la Caija.
"El juego regulado es el único sistema para combatir al clandestino, genera puestos de trabajo y paga impuestos", completó Giorgio Gennari Litta, de la misma cámara.