Nublado

Buenos Aires

  • Nublado
  • Temperatura: 17 °C
  • Humedad relativa: 94 %

Ruleta alimenticia (de España, para todos)

"...siempre que se aplica la lupa o el microscopio a un alimento, se descubre el fraude, la engañifa, sea en forma de hormonas, cárnicos añadidos a los piensos o benzopirenos nacidos del excesivo recalentamiento de la pulpa de aceituna; otras veces, los focos de pestes y pandemias animales provienen de importaciones clandestinas...

LA enfermedad de las ‘vacas locas' primero y acto seguido el brote de fiebre aftosa, también en el Reino Unido, pero extendiéndose por el Continente y obligando a medidas de inmovilización temporal del ganado y a normas específicas para su transporte hasta los mataderos o incineradoras, que no todas las explotaciones podían asumir, fue el principio de un serio golpe a nuestra cabaña ganadera, al que ha venido a sumarse el problema de la peste porcina. Teníamos, porque España siempre ha sido una gran consumidora de pescado fresco, esa alternativa alimentaria, aunque también más encarecida. Pero siguen pintando bastos porque la Unión Europea, harta del regateo exasperante de los moritos, como si de una medina para turistas se tratase, rompió las negociaciones para un nuevo tratado de pesca con Marruecos. Tendremos que comer fletán de factoría, camarones de criadero y otras especies domesticadas que irán perdiendo su sabor original.
Pero, y aquí llega el más serio de los dilemas agroalimentarios, ¿con qué aceite cocinaremos la carne que pueda seguir llegando a los tajos y el fresco deslavazado que arribe a las pescaderías? Porque el golpe de gracia a nuestra agroindustria ha llegado con el veto al oro líquido, del que presumíamos como del mejor baluarte de la cada vez más ponderada dieta mediterránea. Y ya no es solo que los aceites de segunda superen los límites de hidrocarburos aromáticos cuyo uso prolongado puede producir cáncer, es que mezclan esos aceites con los de primera y los cobran a precio de virgen extra.
Tanta desgracia seguida no puede ser casual. Es como si una poderosa mano negra pretendiera hacer desparecer las tradicionales fuentes de alimentación para sustituirlas por otras provenientes de especies animales o vegetales manipuladas genéticamente.
El problema es que, siempre que se aplica la lupa o el microscopio a un alimento, se descubre el fraude, la engañifa, sea en forma de hormonas, cárnicos añadidos a los piensos o benzopirenos nacidos del excesivo recalentamiento de la pulpa de aceituna; otras veces, los focos de pestes y pandemias animales provienen de importaciones clandestinas y todo, con el único interés de obtener mayores beneficios, más ayudas, más subvenciones.
La picaresca sigue estando a la orden del día, desde el antiguo caso ‘Matesa' hasta el más reciente fraude del lino, pero el control y la inspección de cuanto nos llevamos a la boca, sencillamente no existe, a pesar de las normativas, en teoría tan rigurosas, hasta para elaborar un sencillo pirulí. Nuestras autoridades siempre son las últimas en enterarse de casi todo y cuando por fin deciden actuar lo hacen de forma tan alocada, casando improvisación y descoordinación, que en lugar de tranquilizar al consumidor lo sumen en un mar de dudas y en tal diarrea de informes y contrainformes que al final no sabe uno qué comer.
A este paso, alimentarse terminará por convertirse en una suerte de ruleta rusa, a no ser que optemos por la manteca de cacahuete...